Al llegar a La Guaira, Andy Chirino observó una gran cantidad de gente y la presencia de tiendas de campaña, incluyendo una utilizada como ambulancia móvil. Relata que muchos venezolanos estaban removiendo escombros por su cuenta, ante la ausencia inicial de ayuda organizada. Se menciona el caso de Sabrina, una mujer cuyo cuñado estaba sepultado bajo los escombros de un edificio de seis pisos.
A pesar de la llegada de maquinaria pesada y el constante sobrevuelo de helicópteros, la magnitud de la destrucción es abrumadora. La gente se organiza para rescatar a sus seres queridos, mostrando una resiliencia notable en medio de la tragedia.