La situación en Venezuela es desesperante. Los cuerpos de las víctimas del terremoto se acumulan en las calles, sin lugar donde ser trasladados. La falta de morgues, cajones y cualquier tipo de infraestructura para contener los fallecidos es total.
Las imágenes son desoladoras: personas muertas cubiertas con frazadas, e incluso desnudas, evidencian la magnitud de la catástrofe y la incapacidad del Estado para hacer frente a la crisis.
Se advierte sobre el inminente riesgo de epidemias debido a la descomposición de los cuerpos y la falta de medidas sanitarias. La situación excede la capacidad de respuesta de cualquier país, y la comunidad internacional es llamada a una acción urgente.