En zonas semiáridas, los productores deben priorizar estrategias de manejo que incrementen el carbono orgánico y reduzcan la exposición del suelo al impacto directo de la lluvia. Esto implica mejorar la agregación y la estructura del suelo para minimizar las pérdidas.
Proteger los recursos edáficos es fundamental para lograr sistemas de producción sostenibles, ya que los procesos erosivos son considerados irreversibles.