Se narra la historia de las valiosas joyas de Elizabeth Taylor, cuya colección solo fue superada por la de la Reina Isabel II. Se destacan tres piezas emblemáticas: el diamante Taylor Barton, la perla peregrina y el diamante cruz.
El diamante cruz de 33 quilates, que perteneció a Vera Cruz, esposa de Alfred Cruz, un aliado de Hitler, fue adquirido por Richard Burton en una subasta en 1968. La perla peregrina, con casi cinco siglos de historia, formó parte del joyero de la corona española y fue lucida por varios miembros de la realeza, incluyendo a Napoleón III y Eugenia de Montijo.
Tras pasar por varias manos reales, la perla fue comprada en subasta y engarzada en un collar de rubíes y diamantes por Cartier para Elizabeth Taylor. En 2011, se vendió por más de 11 millones de dólares. El diamante Taylor Burton, de 68 quilates, también tuvo una historia particular, siendo enviado a Mónaco para su arreglo por Cartier y apareciendo en el cuello de la actriz.