A pesar de su genialidad, Nikola Tesla vivió sus últimos años en soledad y sin dinero, muriendo en una habitación de hotel en Nueva York. Se destaca su integridad y humanitarismo, manteniendo sus principios frente a la codicia del mundo industrial y capitalista.
Se lamenta que un hombre tan brillante no haya alcanzado la fortuna que merecía, pero se resalta que mantuvo su integridad hasta el final, a diferencia de aquellos que se beneficiaron de sus ideas.