El mensaje final enfatizó que la plenitud del Espíritu Santo no es una bendición exclusiva para pastores o una "casta iluminada", sino para todo aquel que la desee. Se requiere dejarse guiar por el Espíritu, someterse a la autoridad de las Escrituras, entregarse al servicio y predicación de Cristo, tener celo evangelístico, buen testimonio y manifestar los frutos del Espíritu.
La oración correcta no es pedir "más de ti" como si fuera una responsabilidad divina, sino pedir que el Espíritu Santo posea enteramente al creyente, guiándolo y controlándolo. Esta es la verdadera plenitud: estar lleno de Su presencia y del gozo de la salvación.