Se aborda el brutal femicidio de Agostina, una joven desaparecida y encontrada asesinada en Córdoba. Su familia, representada por sus abuelos Miguel y Elizabeth, expresa el profundo dolor y la lucha por justicia tras un mes de la tragedia.
La familia pide a los medios que no olviden el caso y que la memoria de Agostina sea tratada con respeto, denunciando que algunos medios y la abogada del padre de la víctima han inventado versiones sobre su vida, incluyendo supuestos ajustes de cuentas narcos relacionados con Barrelier, a quien Miguel y Elizabeth no conocen.
Se cuestiona la lentitud de la justicia, ya que Barrelier, denunciado previamente por privación ilegítima de la libertad e intento de violación, obtuvo libertad bajo fianza en un corto período. La familia considera que hubo irregularidades en el proceso judicial y que la libertad de Barrelier facilitó el crimen.
Elizabeth relata que la abogada del padre de Agostina ha difamado a su hija y a ella misma, y que la justicia no ha actuado con la celeridad necesaria. Piden que todos los responsables del asesinato de su nieta sean castigados y permanezcan presos.
El altar en memoria de Agostina ha sido construido por la gente del barrio, quienes brindan apoyo a la familia. Los abuelos insisten en que no tendrán una vida normal hasta que se haga justicia y exigen que el culpable reciba el peor castigo por el atroz crimen cometido contra su nieta.