Para suelos con bajo contenido de carbono orgánico, se recomiendan prácticas como la rotación de cultivos, el uso de cultivos de cobertura y la incorporación de cultivos perennes en la rotación para mejorar la agregación y las condiciones físico-químicas del suelo.
Estas estrategias aumentan el material orgánico, fundamental para generar carbono y mejorar la estructura del suelo, haciéndolo más resistente a la erosión.