Se reflexiona sobre la lección que los políticos, incluido Milei, parecen no comprender: la figura de un funcionario cuestionable inevitablemente desgasta y erosiona la imagen presidencial. Mantener a alguien en su puesto a pesar de las dudas sobre su integridad genera "daños colaterales" significativos para el líder.
Se critica la falta de cálculo en los daños que implica sostener a funcionarios con papeles dudosos, afectando la credibilidad del presidente. La decisión de apartar a Manuel Adorni, aunque tomada en ausencia de Milei, subraya el poder de Karina Milei como figura decisoria en el gobierno.