La desesperación de los venezolanos se hace patente ante la falta de maquinaria pesada para remover los escombros y la ausencia de rescatistas. En La Guaira y Catia Lamar, los damnificados reclaman ayuda y denuncian que nadie ha acudido a auxiliarles. La solidaridad vecinal fue crucial en las primeras horas, pero la falta de una respuesta estatal organizada y la ausencia de instrucciones claras para los voluntarios agravaron la situación.
La falta de un listado oficial de desaparecidos, que superan los 50.000, añade incertidumbre y angustia a la tragedia. La ausencia de un plan de contingencia y la carencia de equipos especializados para este tipo de desastres demuestran la profunda falla del Estado venezolano.