En Caracas, la situación tras el desastre es dantesca, con edificios de 7 u 8 pisos completamente derrumbados. Si bien hubo sobrevivientes en las primeras horas, la remoción de escombros es la tarea principal de los rescatistas, quienes trabajan con maquinaria pesada y la colaboración de la Guardia Nacional y bomberos.
A pesar del orden aparente en la zona de Los Palos Grandes, Altamira y Los Palos, se destaca la precariedad de la situación y la falta de respuesta oportuna para rescatar a personas atrapadas. Los habitantes de la zona, una de las más sísmicas y afectadas, expresan su temor y la incertidumbre sobre la reconstrucción del país.
La comunidad local se organiza para recolectar escombros y ayudar en la medida de lo posible, ante la falta de una respuesta estatal efectiva. La zona se encuentra aislada, con restricciones de acceso incluso para la prensa, generando confusión e intranquilidad.