Una persona llena del Espíritu Santo se caracteriza por su celo evangelístico. Juan el Bautista, lleno del Espíritu, salió a predicar la palabra en un lenguaje sencillo y comprensible, sin necesidad de hablar en lenguas o hacer milagros.
La llenura del Espíritu Santo se manifiesta en adoración, gratitud, sujeción y celo evangelístico. No se trata de la cantidad de Espíritu que tenemos, sino de cuánto de nosotros tiene el Espíritu Santo.