Un grave problema de organización afectó a casi 5.000 personas que intentaban llegar al estadio. Los buses de traslado no funcionaron correctamente, dejando varados a los asistentes que habían pagado por el servicio.
La situación generó desesperación y llantos entre los afectados, quienes vieron frustrada su oportunidad de presenciar el partido. Un hombre relató haber empeñado el anillo de su abuela para poder asistir.
El embotellamiento en la FanFest, que duró dos horas y media, impidió el avance de los transportes, provocando que muchos se quedaran afuera del estadio o tuvieran que escuchar los goles desde la distancia.