Se discute la magnitud y el impacto de los recientes terremotos en Venezuela, comparando la energía liberada con la del terremoto de Caracas en 1967, que fue significativamente menor.
Se cuestiona la legislación de construcción en Venezuela y si esta prevé adecuadamente los riesgos sísmicos, a pesar de que se menciona que tras el sismo de Caracas se modificó la normativa. Se señala que la falta de construcciones antisísmicas y planes urbanísticos adecuados podría agravar las consecuencias.
Se enfatiza que las fallas en Venezuela son capaces de generar terremotos de gran magnitud y que los recientes sismos fueron muy superficiales, lo que aumenta su poder destructivo.