Dos potentes terremotos de 7.2 y 7.5 grados en la escala de Richter han devastado Venezuela, generando una crisis humanitaria. El país, ubicado sobre placas tectónicas activas, carece de cultura sísmica y su infraestructura, ya debilitada por años de dictadura, se ha visto gravemente afectada.
La falta de comunicaciones y la destrucción de vías de acceso y puertos dificultan las labores de rescate y la recepción de ayuda internacional. Países como Argentina ya han ofrecido asistencia, pero la logística se ve comprometida.
Las cifras de víctimas y desaparecidos aún son inciertas debido a la falta de información oficial y a la extensión de la zona afectada. La magnitud del desastre se ve agravada por la preexistente crisis socioeconómica y de infraestructura en el país.