El terremoto en Venezuela ha generado un colapso en el sistema de salud, con hospitales desbordados y una grave crisis sanitaria. La falta de Estado y autoridad moral agrava la situación, dificultando la recepción y distribución de ayuda internacional.
Se cuestiona la efectividad de las donaciones, como los 150 millones de dólares prometidos por Estados Unidos, y la confianza en quién las administrará, mencionándose a Delcy Rodríguez. La corrupción estatal es señalada como un factor determinante en la magnitud de la tragedia, ya que la falta de construcciones adecuadas y la corrupción impiden que la infraestructura resista ante desastres naturales en zonas de falla.
Se enfatiza que los terremotos en sí no matan, sino la corrupción de los estados. La comparativa con Chile, un país con un sistema preparado para este tipo de catástrofes, resalta la debilidad institucional venezolana. La ausencia de un Estado funcional imposibilita la contención psicológica y la organización necesaria para afrontar la crisis, convirtiendo la tragedia natural en una "tragedia sobre la tragedia" y un "drama humano" producto de las dictaduras.