Un devastador terremoto ha azotado Caracas, Venezuela, dejando un saldo provisional de más de 920 muertos y 3.300 heridos. La tragedia, que se agrava por dos sismos consecutivos, ha transformado la capital en un escenario de posguerra.
Los edificios presentan paredes agrietadas y casas completamente colapsadas, mientras la gente deambula por las calles cubiertas de polvo y tristeza. Los gritos de desesperación se escuchan entre los escombros, y las cifras de víctimas aún no son definitivas.
La situación en los hospitales es crítica, con centros médicos colapsados que no dan abasto para atender la enorme cantidad de heridos. Los pasillos se han convertido en salas de emergencia improvisadas, y la falta de insumos básicos como jeringas, suturas y bolsas de colostomía agrava la crisis.
Miles de personas duermen a la intemperie, sin suministro eléctrico y con la ayuda internacional que comienza a llegar de forma lenta. La solidaridad venezolana se manifiesta con la gente acercándose a los hospitales para donar agua y alimentos, mientras los familiares buscan desesperadamente a sus seres queridos entre listas preliminares de ingresos.