La población civil venezolana está asumiendo un rol protagónico en las labores de rescate tras el terremoto, ante la escasez de personal y recursos de Protección Civil, mermados por la migración y problemas económicos. La gente se organiza para rescatar a sus familiares y damnificados.
La falta de comunicación y conectividad en algunas zonas, como Catia Lamar y Tanaguarena, agrava la angustia de quienes no pueden contactar a sus seres queridos. A pesar de los esfuerzos de la población, la magnitud del desastre y la limitada capacidad de respuesta institucional plantean un escenario de desastre humanitario y sanitario.