Se continúa la narración sobre las joyas de Elizabeth Taylor, enfocándose en el diamante cruz de 33 kilates, que perteneció a Vera Cruz y fue adquirido por Richard Burton. También se detalla la historia de la perla peregrina, con casi cinco siglos de antigüedad, que pasó por manos reales y fue adquirida por Burton.
Se menciona que Taylor engarzó la perla en un collar de rubíes y diamantes de Cartier y que, tras su muerte, se vendió en subasta por más de 11 millones de dólares.