Se advierte que la desobediencia a Dios trae maldiciones, afectando la tierra, los cultivos, los hijos y las cosechas, impidiendo que produzcan frutos. El cielo negará la lluvia y la tierra sus frutos.
En contraste, la obediencia activa la bendición y la unción para la multiplicación. Se cita Deuteronomio, que promete lluvia y cosechas abundantes para quienes obedezcan las leyes divinas, mientras que la desobediencia acarrea maldiciones en todo aspecto de la vida.