Horacio desmiente la versión de que vendía churros, atribuyendo esa historia a Beto Cacela, El Moro y a una puesta en escena. Aclara que, si bien pensó en el negocio de los churros, nunca se concretó debido a que en ese momento no tenía el capital necesario y estaba lidiando con problemas de salud y de su hijo recién nacido.
Actualmente, además de su jubilación como policía bonaerense, vende baterías para autos de ocasión y participa en ferias americanas con su señora, buscando generar ingresos adicionales.