Se describió el profundo trauma que sufren los maquinistas de trenes, quienes a menudo deben lidiar con la muerte de personas en las vías.
Un maquinista relató que, al jubilarse, puede haber presenciado al menos 30 muertes, y algunos llegan a 90. Explicó que no pueden evitar los accidentes debido a la distancia de frenado de los trenes y que a veces tocan la bocina para no escuchar el crujido de los huesos de las víctimas.
Se enfatizó que los maquinistas no son asesinos, sino que cargan con un enorme peso emocional por situaciones que escapan a su control, y que la bocina puede ser un intento de mitigar el impacto sonoro de la tragedia.