Carlos Ignacio, de 24 años, confesó haber asesinado a su madre, Graciela, y haberla enterrado en el fondo de la casa que compartían. El hecho salió a la luz tras un intento de homicidio contra su padre, a quien apuñaló en cuatro oportunidades.
Tras ser detenido por la tentativa de homicidio de su padre, Carlos Ignacio llamó a un amigo y confesó el crimen de su madre. La policía se dirigió al domicilio y encontró el cuerpo enterrado en un pozo precario al lado de la pileta.
Vecinos del barrio describen al joven como educado y trabajador, sin antecedentes ni adicciones, lo que aumenta el misterio sobre el móvil del crimen. Se investiga una posible relación con el distanciamiento de su padre biológico hace años y un reciente intento de reconexión.