Un estudio de la Universidad de Cambridge explica por qué la percepción del tiempo se acelera con la edad.
La investigación, que analizó a casi 600 personas de 18 a 88 años, encontró que el cerebro registra y organiza los momentos de manera diferente a medida que envejecemos.
Las áreas cerebrales se vuelven menos selectivas, agrupando momentos y creando una sensación de rutina que hace que el tiempo parezca pasar más rápido.
Los eventos significativos actúan como marcadores que dividen el tiempo en bloques, y la falta de ellos en una vida más rutinaria contribuye a esta percepción.