Se hace un llamado a la comunidad internacional para que la atención sobre Venezuela sea transparente y coherente, enfocándose en el ciudadano común que sufre las consecuencias de la catástrofe y de las medidas políticas y bloqueos.
Se insta a los presidentes a comunicarse directamente y a priorizar la ayuda tangible sobre la retórica en redes sociales, volviendo a una diplomacia más personal y efectiva para atender la emergencia.