Aymara reflexiona sobre la necesidad de estar preparados ante terremotos de esta magnitud, tanto a nivel individual como de país. La falta de políticas públicas y centros de refugio accesibles se hace evidente en situaciones de emergencia.
Personalmente, Aymara considera que debería mantener un kit de emergencia preparado, algo que había descuidado por el tiempo transcurrido sin sismos de gran magnitud. La lección aprendida es la importancia de la preparación constante ante posibles desastres.
Se destaca la falta de preparación generalizada en la ciudadanía. A diferencia de otros países, en Venezuela no existen protocolos claros ni entrenamiento para reaccionar ante sismos. La parálisis y la desorientación fueron comunes entre los afectados.
La combinación de dos terremotos de gran magnitud con solo 39 segundos de diferencia tuvo consecuencias devastadoras. Incluso las construcciones antisísmicas tienen dificultades para resistir sismos sucesivos de tal duración e intensidad (7.2 y 7.5 de magnitud).
Las imágenes de La Guaira muestran edificios derrumbados o inclinados, evidenciando la magnitud del desastre. A pesar de la devastación, Aymara agradece que no haya sido peor, considerando la posibilidad de que medio país hubiese colapsado.