Un fuerte terremoto de 7.2 grados sacudió Venezuela, dejando un rastro de destrucción, edificios colapsados y miles de personas desaparecidas.
Las imágenes muestran ciudades devastadas, comparables a zonas de guerra, con estructuras que se vinieron abajo como si fueran implosiones controladas.
La falta de maquinaria especializada para remover escombros y la dificultad para coordinar rescates complican la situación, mientras voluntarios y personal de emergencia trabajan arduamente.
La comunicación es intermitente y las familias buscan desesperadamente información sobre sus seres queridos, con sitios web y centros de ayuda intentando centralizar datos de desaparecidos y localizados.