La reconstrucción de Venezuela tras el sismo se presenta como un desafío aún mayor debido a la preexistente crisis de infraestructura y la diáspora de profesionales. El país sufre de estancamiento económico, hiperinflación y escasez de recursos básicos.
La migración masiva ha diezmado el capital humano, afectando la capacidad de respuesta ante la catástrofe. La situación se agrava por la falta de un sistema sanitario y de emergencias funcional, y la necesidad de ayuda internacional para superar esta anomalía histórica.