Una clienta se acerca a Joyería El Tazador, recomendada por su novio, para vender algunas piezas y así invertir en su emprendimiento de cosmética natural.
Se evalúan un Krugeran (moneda corriente), un Rolex con cristal de zafiro (sin caja ni packaging), y piezas de Bulgari. Se le explica la importancia de conservar los papeles originales y los eslabones de las mallas de los relojes.
También se revisa un anillo de platino con un brillante talla Tolkowsky, que data de los años 60. Se descartan piezas de acero sin valor comercial. Finalmente, se evalúa un brillante grande y se le informa a la clienta que el total de sus piezas es de 10.500.000 pesos, a lo que ella reacciona con sorpresa positiva.