El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la disposición de su gobierno para asistir a Venezuela tras los devastadores terremotos que golpearon al país. Ordenó a las agencias federales preparar una respuesta rápida, movilizando equipos de búsqueda y rescate, así como suministros médicos y humanitarios.
El subsecretario de Estado, Christopher Landlock, confirmó la activación de un equipo de asistencia en desastres y la coordinación con el gobierno interino venezolano. Los primeros reportes advierten sobre un número "no bueno" de víctimas, y se expresó solidaridad ante la catástrofe.
Los sismos, de magnitud 7.2 y 7.5, provocaron el colapso de edificios en varias ciudades, incluyendo Caracas y La Guaira, declarada zona de desastre. La presidenta encargada Delcy Rodríguez activó el estado mayor de contingencia. Las cifras preliminares indican al menos 32 muertos y 700 heridos, con advertencias de que podrían aumentar significativamente.
Expertos expresan alta preocupación por la magnitud de los sismos, su escasa profundidad y la cercanía a zonas densamente pobladas. Se estima que las pérdidas económicas podrían alcanzar entre el 1% y el 4% del PBI de Venezuela, con una alta probabilidad de que las muertes superen las 10.000.