Se critica la falta de cobertura del terremoto en Venezuela por parte de los canales de televisión, tanto oficiales como privados, que emitían programación de variedades.
Se cuestiona la responsabilidad ética y moral de los medios ante la devastación, sugiriendo que pudieron haber sido obligados a no informar.
Se contrasta la actitud de los medios venezolanos con la cobertura realizada por medios internacionales, destacando la importancia de la información en situaciones de crisis.