Una clienta, Marina, visita Leiva Joyas con varias piezas valiosas, incluyendo un prendedor de la Belle Epoque, una pulsera con diamantes y zafiros, un anillo de platino y un reloj Rolex.
Las piezas, algunas muy antiguas y otras más modernas, forman parte de un proyecto personal junto a un amigo para comprar una lancha.
Se destacan la antigüedad y belleza de las joyas, así como el estado del reloj Rolex, aunque se nota su uso y falta de papeles.