El Partido Laborista en el gobierno de Gran Bretaña no aceptará el pedido de Nigel Farage de adelantar las elecciones. Esta negativa se debe a la posibilidad de sufrir una derrota catastrófica, considerando la victoria obtenida hace solo dos años.
La estrategia del Partido Laborista se enfoca en mantener el mandato actual y evitar un voto negativo en la Cámara de los Comunes que obligaría a un adelantamiento electoral. Se destaca la importancia del respaldo de gran parte del voto laborista a la candidatura de Farage.