Una fuerte ola de calor azota Francia, provocando al menos 40 muertes, la mayoría de ellas jóvenes que intentaban refrescarse. La canícula, que comenzó el 18 de junio, ha puesto en alerta a las autoridades y ha generado preocupación por la capacidad del sistema de salud para hacer frente a la situación.
Se recuerda que en 2003, durante una ola de calor similar, el primer ministro de la época se encontraba de vacaciones mientras la gente moría en el país, una situación que se busca evitar esta vez. El ministro de Gornú ha declarado que no se tomará vacaciones y que se está evaluando la posibilidad de una extensión de la canícula en julio.
La falta de aire acondicionado en establecimientos públicos como geriátricos, escuelas y hospitales agrava la situación. Aunque algunos lugares como cines y supermercados cuentan con sistemas de climatización, la mayoría de los hogares y edificios públicos carecen de ellos. La ola de calor se intensifica con temperaturas que superan los 40 grados en algunas zonas, y se espera que continúe al menos hasta el próximo domingo.