Se reflexiona sobre la corrupción como un modelo que prevaleció en Argentina durante un tiempo, permitiendo que una parte del kirchnerismo se enriqueciera.
Se argumenta que cada dólar obtenido ilícitamente representa recursos que podrían haberse destinado a hospitales, escuelas o a la reducción de impuestos, mientras el gasto público aumentaba.
Se enfatiza la importancia de no volver a ese pasado, considerando que figuras como Adorni no deben poner en riesgo el cambio actual. Se busca evitar que personajes y visualismos pongan en peligro el progreso y se retorne a una situación "asquerosa, obscena y peligrosa".