El segmento se adentra en la historia de las joyas de Elizabeth Taylor, destacando tres piezas emblemáticas: el diamante Taylor Burton, la perla peregrina y el diamante cruz.
Se narra la historia del diamante cruz, que perteneció a Vera Cruz, esposa del industrial Alfred Cruz, un aliado de Hitler. Tras el fallecimiento de Vera, Richard Burton lo adquirió en una subasta. La perla peregrina, con casi cinco siglos de historia, formó parte de la corona española y fue lucida por varios reyes. Napoleón III fue uno de sus últimos propietarios de la realeza.
Richard Burton compró la perla peregrina para Elizabeth Taylor, quien la engarzó en un collar de rubíes y diamantes diseñado por Cartier. Tras la muerte de Taylor, la perla se vendió en subasta por más de 11 millones de dólares. El diamante Taylor Burton, de 68 quilates, fue obsequiado por Richard Burton a Elizabeth Taylor por 1.100.000 dólares, siendo una suma sin precedentes para una joya en ese momento.
El diamante Taylor Burton debutó en el cumpleaños número 40 de Grace Kelly, princesa de Mónaco. Elizabeth Taylor solicitó usarlo en un collar, y Cartier se encargó del arreglo, transportando la joya con seguridad hasta Mónaco para su primera aparición en el cuello de la actriz.