Se narra un episodio de la infancia de Lionel Messi, donde a los 11 o 12 años, se aplicaba a sí mismo inyecciones para su tratamiento de crecimiento, a pesar del sufrimiento de su madre por los altos costos y la dificultad para conseguir la medicación.
Este hecho se presenta como un ejemplo de su resiliencia y fortaleza, superando obstáculos físicos y emocionales desde muy joven. Se argumenta que esta experiencia temprana forjó su carácter y su capacidad para afrontar críticas y desafíos futuros, como los vividos en su carrera profesional.