Arqueólogos en España descubrieron un carro de bronce de aproximadamente 2.500 años de antigüedad, comparado con un "botafumeiro rodante". Se cree que fue utilizado en ceremonias religiosas para quemar resinas aromáticas y realizar rituales por civilizaciones como la griega, fenicia y etrusca.
Este hallazgo en Tartesso, una sociedad hasta ahora poco conocida, revela una complejidad cultural, influencias internacionales y una notable capacidad artística y tecnológica. El excelente estado de conservación se debe a que el edificio donde apareció fue incendiado, sellado y enterrado deliberadamente.