El problema actual para las grandes potencias, especialmente tras la invasión rusa en Ucrania, es la efectividad de los drones. Ucrania ha desarrollado drones de manera económica, lo que representa un desafío para los sistemas de defensa tradicionales.
Se compara el costo de los interceptores como el Patriot de Estados Unidos, que ronda los 3 a 4 millones de euros, con el de los drones rusos de fabricación iraní. Esto evidencia una brecha tecnológica y económica significativa en el conflicto.