Se describe un trimestre inflacionario complicado, influenciado por factores como el aumento del riesgo país, la caída en la demanda de dinero, el corrimiento del dólar, la recomposición de tarifas y el impacto del petróleo.
A pesar de las dificultades, se afirma que los fundamentos económicos se mantienen sólidos y que la tasa de inflación cederá inevitablemente.
Se reitera el compromiso con la "moral como política de Estado" y la rectitud de los estoicos, lo que implica no ceder ante presiones inflacionarias.