Se refuta la idea de que ceder a la inflación genera crecimiento, calificando tal planteamiento de "estupidez" y citando la evidencia empírica que demuestra lo contrario.
Se explica que el trade-off teórico se da entre inflación y desempleo, no entre inflación y crecimiento, y que esta premisa fue derrotada en 1968 por Friedman y Phelps, y en 1972 por Lucas Jr.
Se argumenta que proponer políticas inflacionarias implica engañar a la gente y robarle, lo cual va en contra de los valores judeocristianos y, además, no funciona económicamente ni políticamente.