Se debatió sobre la naturaleza capitalista del Mundial y su contraste con un ideal socialista. Se mencionó que la FIFA no opera bajo principios socialistas y se ejemplificó con la decisión de la presidenta de México de rifar entradas para que mexicanos con menos recursos pudieran asistir.
Se criticó la idea de que la FIFA debería priorizar a los nacionales de cada país, argumentando que la demanda global por ver a Messi y a la selección argentina hace que esto sea inviable.