Se califica la actitud del gobierno de Milei como "rastrera", argumentando que sus acciones se basan en cálculos políticos y no en la solidaridad o lo que corresponde humanitariamente. Se critica la falta de empatía y la tendencia a especular sobre las conveniencias políticas.
Se sugiere que el presidente está más preocupado por obtener rédito o evitar críticas de Estados Unidos que por actuar de manera genuina ante crisis humanitarias, lo que demuestra una visión mezquina y torpe de la política exterior.