Inglaterra no pudo superar a Ghana y el partido terminó en empate, en un encuentro que dejó poco para destacar en cuanto a nivel futbolístico.
Ghana planteó un esquema defensivo, logrando bloquear los ataques ingleses y frustrar a figuras como Harry Kane. El partido se caracterizó por la falta de oportunidades claras de gol y la dificultad de Inglaterra para encontrar la fórmula para romper la defensa rival.
A pesar de las chances creadas, la puntería y la definición fallaron en momentos clave para Inglaterra, mientras que Ghana se defendió con solidez.