Pepe Cibrián imaginó un más allá visualizado en un mundo de color blanco, donde todo es paz y no existen las aflicciones terrenales como la enfermedad o la grieta política.
Describió este lugar como una "segunda vida" donde los teatros estarían siempre llenos y la gente sanaría de sus dolencias.
Esta visión onírica del más allá contrasta con la realidad terrenal, sugiriendo un anhelo de trascendencia y un escape de los problemas del mundo.