Pepe Cibrián defendió su derecho a autoafirmarse como "genial", cuestionando la supuesta virtud de la modestia impostada.
Argumentó que si uno es bueno en algo, debe decirlo sin temor a ser tildado de egocéntrico, comparando esta situación con alguien que es alto y lo reconoce.
Considera que la reticencia a reconocer las propias cualidades es un problema social y que la honestidad sobre las propias capacidades es fundamental.