La Biblia relata historias de personas que cumplieron misiones divinas en estado de ayuno, siendo Jesucristo el ejemplo supremo. Al revelarse como Mesías a la mujer samaritana, Jesús se encontraba en ayuno, indicando que su alimento era "hacer la voluntad del Padre".
Se narra la historia de un profeta que, enviado por Dios con una misión específica, recibió la orden de no comer ni beber durante su cometido y de no regresar por el mismo camino. A pesar de la orden divina, un profeta anciano y mentiroso lo interceptó y lo convenció de ir a su casa para comer, desobedeciendo así las instrucciones originales.