Se narra la historia de la Perla Peregrina, una joya con casi cinco siglos de antigüedad.
La perla apareció en Panamá en 1560 y fue adquirida por el rey Felipe II en 1597, formando parte del joyero de la corona española.
Fue lucida por varios miembros de la realeza española y posteriormente por Napoleón III. La perla fue vendida para financiar la campaña que llevó a Napoleón III a ser presidente de Francia y emperador.