Europa se prepara para una guerra a gran escala ante la posibilidad de un retroceso en el compromiso de seguridad de Estados Unidos y el rearme de Rusia. Los países del continente buscan asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa, ante la retirada de tropas estadounidenses y el giro estratégico de Washington hacia Asia y la competencia con China.
La guerra en Ucrania ha alterado las percepciones de seguridad europeas, evidenciando la capacidad industrial y militar de Rusia. Ante esto, la OTAN y la Unión Europea trabajan en cuatro objetivos clave: defensa aérea y antimisiles, multiplicación de la producción de municiones y drones, desarrollo de capacidades de ataque de largo alcance y construcción de búnkeres para protección civil. Se menciona el proyecto ELSA para desarrollar un misil crucero y el plan de Polonia de construir el "Escudo del Este".
Analistas sugieren una posible regionalización de la OTAN, con diferentes grupos de países defendiendo áreas específicas. El gasto militar en Europa ha alcanzado niveles sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y se espera que continúe aumentando. La seguridad europea, que antes dependía del paraguas estadounidense, ahora debe construirse sobre bases propias.