Se desmitifica la idea del amor romántico en las relaciones, argumentando que en la mafia las uniones se basan en el poder y la posesión, no en sentimientos genuinos.
Se afirma que ni las mujeres aman a sus parejas ni a nadie, sino que actúan como instrumentos de poder y estatus para los hombres, quienes acumulan riquezas y posesiones.
Se concluye que el país está gobernado por una mafia que ha ocultado miles de millones de dólares, y que la supuesta normalidad es una fachada que oculta la corrupción generalizada.